TEJIENDO REDES DE COMUNICACIÓN FEMINISTA

Sobre la importancia de decir no y poner límites

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Desiré Huerga Ruiz

Desiré Huerga Ruiz

Este es un artículo un tanto diferente a los que suelo escribir habitualmente. Aquí no encontrarás datos, estadísticas, ni fuentes externas donde contrastar la información. Es un artículo escrito desde el corazón sobre la importancia de decir no y de poner límites.

Límites a las personas, límites a las situaciones que nos incomodan y que no tenemos por qué aceptar. Me doy el permiso, me doy ese permiso de decir no al artículo que lleva días deambulando por mi mente y que no sé cómo empezar a plasmar en una página en blanco.

El feminismo es un movimiento social, es un acto político en el que se lucha en colectivo y se vive de forma personal. No creo en un empoderamiento individual mientras sigue habiendo mujeres que viven diferentes contextos y que son vulneradas de forma habitual. Y esto lo puedo extrapolar a otros movimientos sociales y políticos que son igualmente necesarios y deberían formar parte de la misma lucha.

La colectividad me ha enseñado — y me sigue enseñando — lecciones fundamentales de la vida que la sociedad capitalista e individualista nos ha negado en pro de la productividad y la competencia. Y una de esas enseñanzas vitales es que para seguir apostando por unos ideales de forma colectiva, es necesario autocuidarnos y cuidar a la persona que resiste a nuestro lado, poniendo límites y aprendiendo a decir no sin sentirnos culpables ni tener que dar explicaciones.

A las mujeres se nos educa para que seamos amables, serviciales y sonrientes. Y si algo no nos gusta, lo que debemos hacer es sonreír y callarnos, no vaya a ser que alguien se moleste porque tenemos opinión propia. ¿Cuántas veces hemos dicho sí a algo que no queremos hacer por no quedar mal?  Y cuando nos hemos atrevido a decir no, acabamos dando mil explicaciones para justificarnos.

Y esta es una lección que creía tener muy aprendida, hasta que de nuevo la realidad me ha dado una bofetada que no esperaba. De repente me he visto envuelta en situaciones completamente absurdas, que si bien sí me he atrevido a decir no, me he cachado más de una vez dando toda clase de explicaciones y contando cosas de mi vida personal que no venían al caso, con tal de que me entendieran.

NO es NO. Normalmente se usa esta frase cuando hablamos de consentimiento sexual, pero se debe aplicar a cualquier circunstancia. Si no te apetece salir a tomar un café con tu vecino porque quieres estar toda la tarde llorando en tu casa, ¿por qué dar explicaciones o inventar excusas en vez de decir no directamente? Lo sé, es más fácil escribirlo que hacerlo, ya digo que soy la primera que cae en este tipo de circunstancias.

Pero eso es poner límites, autocuidarnos y cuidar a la otra persona a la vez. La colectividad, en el feminismo en este caso, me ha vuelto a poner sobre la mesa la importancia de decir no, de no rebasar los límites personales de cada quién ni de las personas que no rodean, y aceptar(nos) tal cual somos, sin dar ni solicitar explicaciones.

Porque si queremos seguir luchando por un bien común y colectivo por y para todas las personas, es indispensable aceptar nuestras contradicciones, pero tener claros dónde están nuestros límites, y saber que cuando decimos no, es no.

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