TEJIENDO REDES DE COMUNICACIÓN FEMINISTA

Maternidad feminista, trasgrediendo el ser mamá

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Desiré Huerga Ruiz

Desiré Huerga Ruiz

Maternar es un asunto político y la maternidad feminista debe ser un hecho. En el mundo hay más de 3,800 millones de mujeres, de las cuales muchas de ellas son o van a ser madres en algún momento de sus vidas, por lo que las maternidades deberían ser un tema recurrente en la agenda feminista. Pero no lo son.

Ser mujer no es sinónimo de ser madre y cada vez más mujeres tienen la posibilidad de optar por no tener descendencia. Aunque no hay que olvidar que no todas tenemos el privilegio de la libre elección.

Desde los feminismos se realiza una gran lucha por conseguir un aborto seguro, legal y gratuito para todas y uno de las consignas que se utiliza es “la maternidad será deseada o no será”. Y es una lucha importante y necesaria. Se trata del derecho a decidir. ¿Pero qué pasa con el movimiento feminista cuando esta es elegida y las mujeres quieren seguir siendo activistas y madres?

No puedo generalizar y estoy segura de que en muchas colectivas se lucha por poder llevar a cabo una maternidad feminista mientras se sigue manteniendo una lucha activa en contra de los feminicidios, las mujeres desaparecidas, los abusos, etc.

Pero en muchos casos las madres feministas buscan otros espacios donde reivindicar la maternidad y la crianza fuera de lo normativo, porque en los espacios que habitaban no es un tema considerado de primera necesidad. Porque la decisión es personal, pero es claro que lo personal es político. Además, no es privada, es colectiva, y cómo tal se debe visibilizar.

Cabe mencionar que yo no soy madre. Lo aquí mencionado tiene de base las experiencias que me han compartido compañeras mamás y feministas y me han dado su permiso para publicarlo, lo que he podido observar siendo activa dentro del feminismo, y la bibliografía que queda reflejada al final del texto.

EL CONCEPTO TRADICIONAL DE LA MATERNIDAD

¿Qué significa ser madre y maternar? No hay una respuesta única a esta pregunta. Pero si recurrimos al concepto tradicional, patriarcal y capitalista de la maternidad nos encontramos frente a una sola definición.

Bajo este constructo, la maternidad es un deber de las mujeres y es indispensable para su realización como personas. Una madre se olvida de quién es, de ella misma, vive única y exclusivamente por sus descendientes que son su centro inequívoco, acepta opiniones de todas aquellas personas que aconsejan sobre cómo ser buena mamá. Todas las tareas de cuidados— también del marido, por supuesto — y el bienestar de sus hijas e hijos dependen exclusivamente de ella.

maternidad tradicional patriarcal

Según el concepto tradicional, una buena madre deja de ser mujer, deja de ser persona, para ser únicamente madre.

Y evidentemente, no podemos olvidar que bajo este concepto solamente ocurre en familias normativas, dando por supuesta la heterosexualidad.

Con el paso de los años, y desde que la mujer se fue incorporando al trabajo fuera de casa, el modelo empezó a cambiar. Las mujeres ya no estaban 24/7 en casa, pero eso no impedía que siguieran siendo las máximas responsables del cuidado de sus hijos e hijas, teniendo como consecuencia las dobles y triples jornadas laborales. Sin contar con los padres que abandonan a sus descendientes, siendo la mujer la única encargada de su cuidado y manutención.

En consecuencia, esto ha dado pie a calificar a las mujeres madres y con trabajos fuera de casa como superwoman — u otro tipo de frases que se utilizan para descalificar y que no voy a replicar —. Mujeres que todo lo pueden, que son madres, que son cuidadoras, que son responsables de la alimentación, la salud y de todo lo que tenga que ver con las niñas y niños, que trabajan fuera del hogar, que llegan a todo, que siguen saliendo con sus amigas y que son felices.

Esto, debido en parte al feminismo liberal que es primo hermano del capitalismo, es lo que se espera de una buena madre del siglo XXI. Que no abandone su rol tradicional de maternidad mientras se encarga de todo lo demás.

Y esto en realidad ni es feminismo ni es posible.

IDEAS CONTRAPUESTAS ENTRE LAS MATERNIDADES Y LOS FEMINISMOS

maternidades feministas

Entonces, ¿la maternidad es incompatible con el feminismo? Por supuesto que no, y la maternidad y el feminismo son grandes aliadas.

Aunque como decía al inicio, desde los feminismos no se suelen priorizar las maternidades, pero no ocurre lo mismo en el caso contrario. Desde las maternidades sí se priorizan los feminismos.

Cuando hablamos de ser madres, hablamos de diferentes etapas y en todas ellas pueden haber ideas contrapuestas entre las maternidades y los feminismos. Por un lado está la decisión de ser mamá y el embarazo, el parto como punto relevante, y el puerperio y la crianza.

En los siguientes puntos hablo de las mujeres que son madres mediante gestación. Esto no implica que sea la única forma de ser mamá. Madres adoptivas o familias lesbomaternales, todas ellas son mamás de la misma forma — no el caso de la gestación subrogada, que es una forma muy capitalista de lucrarse a costa de los cuerpos de las mujeres —.

La decisión de ser mamá

Ser mamá comienza con la decisión propia de querer maternar. Por un lado es importante recalcar que el instinto maternal no existe. Es un constructo más de lo que la maternidad tradicional, patriarcal y capitalista nos ha hecho creer.

Pero desde luego, no podemos olvidar que vivimos en una sociedad patriarcal, que hemos sido criadas dentro de ella, y que es posible que, aun sin darnos cuenta, reproduzcamos estos roles, por muy desaprendidas que nos creamos estar.

Por todo esto, desde algunos feminismos, que recalco nuevamente que no todos, el hecho de maternar se ve como un instrumento opresor más del patriarcado. Por lo tanto, bajo esta lente, la maternidad, feminista o no, no es una opción.

En vista de esto, es importante que, bajo los criterios propios de cada una de las mujeres, la decisión de querer maternar sea completamente libre. Este es uno de los pilares a la hora de tener crianzas feministas.

El parto

El parto es uno de esos momentos que a todas las mujeres nos aterra. ¿Por qué? Otra vez, por lo que nos han hecho creer desde el patriarcado. Todo el proceso del parto está excesivamente medicalizado.

Una frase que leí en el libro “Mamá desobediente” de Esther Rivas, que paso a citar aunque no de forma literal es: “Las unidades de obstetricia y ginecología de los hospitales son las únicas que no tratan con mujeres enfermas, y aun así, los procesos de medicalización son los mismos que en otras unidades donde sí hay personas enfermas”.

Y es que la violencia obstétrica está tan extendida y normalizada entre el personal médico, que en ocasiones ni nosotras mismas podemos darnos cuenta de que la estamos sufriendo.

Cada futura mamá debe ser libre de tomar la decisión que mejor crea para ella sobre el proceso del parto. Desde el lugar donde quiere efectuarlo, la anestesia que quiere o no tener, las personas que quiere que le rodeen, y todo lo relativo al parto.

Puerperio, crianza y maternidad feminista

Después de un parto el cuerpo de la mujer ha sufrido mucho. Según lo que me comentan algunas compañeras, está prácticamente partido en dos. Y no solamente el cuerpo, un embarazo, un parto, y el tener a la criatura entre los brazos es un proceso que cambia completamente la vida. Esto lleva a todos sus estragos psicológicos, y para lo que ninguna estamos preparadas.

Algunas compañeras mamás me han comentado que los primeros días e incluso semanas, no sentían ningún tipo de conexión con su hijo o hija, que lo veían como un ente extraño, y además tan vulnerable que estaban completamente sobrepasadas. Y sentían mucha culpa por ello, y eran incapaces de decírselo a nadie.

maternidad feminista

Y es que el sentimiento de culpa, de sentir que no somos buenas madres, también viene impuesto por esa maternidad tradicional. Estos sentires hacia la bebé o el bebé que acaba de llegar al mundo son más habituales de lo que se cree, pero se siente vergüenza al hablar de ellos, no está normalizado. Y esto debe cambiar.

Con el puerperio además también comienza la lactancia, que nuevamente debe ser una decisión únicamente de la mujer. Independientemente de la decisión de cada una, todas reciben comentarios y críticas por parte de familias e incluso de personas desconocidas.

Las que deciden dar el pecho a demanda son criticadas, incluso desde algunos feminismos, por tener que estar con la niña o el niño en brazos todo el rato y vivir solo para darle de comer. También se hace una dura crítica de estar malcriando a la criatura. Y a aquellas madres que deciden no cortar la lactancia a los meses de nacer, también se les suele considerar que están malcriando. Por no hablar que en algunos lugares públicos reciben críticas e incluso insultos por dar de mamar.

En cambio, las que deciden no dar el pecho también son criticadas por otros motivos. Personas que opinan que la bebé o el bebé debe ser su prioridad, y que si no le dan de mamar no va a ser una persona sana.

Y esto es solamente el principio de los comentarios no solicitados al inicio de la maternidad. Cada mujer debe ser libre de elegir, cuestionándose sí, pero solamente a ella misma.

MATERNIDAD(ES) FEMINISTAS

Con todo lo que estamos diciendo hasta ahora, ¿qué es entonces la maternidad feminista? No creo que exista solamente una, como no creo que exista un dogma feminista que hay que seguir al pie de la letra como si de una secta se tratara. La situación geopolítica, socioeconómica, el lugar, el contexto y la vida personal de cada una influyen en estos procesos. Por eso hablo en plural, sobre las maternidades feministas.

Cuando una mujer es feminista y decide ser madre, ella, bajo sus propios criterios, cuestionamientos, creencias y contextos debe ser quien tome las decisiones, quien tenga toda la autonomía para llevar a cabo sus elecciones.

Pero todas ellas tienen puntos comunes. Las maternidades feministas son aquellas que reivindican maternar de forma libre, que rompen con la romantización de ser madre, que crían para que no se reproduzcan los estereotipos de género, raza y clase, que tienen inseguridad, miedos y dudas y que las asumen. Que exigen que la maternidad se politice y sea colectiva, y que luchan políticamente, cada una desde sus trincheras.

INCORPORAR LA MATERNIDAD EN LA AGENDA FEMINISTA

La maternidad y la crianza feminista son de vital importancia a la hora de acabar con la sociedad patriarcal. Con madres libres y feministas se tienen hijas e hijos libres, con capacidad crítica y consciente de las decisiones que toman.

Por eso, y teniendo en cuenta que maternar no es un tema de primer orden en muchas colectivas feministas, desde aquí quiero manifestar mi malestar por ello y reivindicar la incorporación de la maternidad a las agendas feministas.

Hay que seguir colectivizando la maternidad.

Agradecimientos a todas las mamás que han platicado conmigo para la redacción de este artículo.

Créditos ilustración de portada a Laura Arias

FUENTES Y RECURSOS UTILIZADOS

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