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No al abandono | Escritura creativa – Cuento

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Desiré Huerga Ruiz

Desiré Huerga Ruiz

Desde el primer momento que la vio supo que no había otro final posible. Sus manos temblorosas no podían evitar sudar a mares mientras observaba esa belleza sin igual.

En aquel momento no tenía nombre, pero sentía una conexión especial con esa perrita que deambulaba por las calles de su pueblo.

Todas las mañanas Iris salía de su casa con un poquito de agua fresca y comida. La perrita, a la que llamo Romina, se acercaba asustada pero feliz, e incluso le solicitaba caricias.

Romina había sufrido mucho. Nació en la calle y a los pocos días de nacer una familia la separó de su madre y se la llevó a casa. Pero ella era un ser vivo y en esa casa la trataban como peluche divirtiéndose a su costa. Vivía en el patio, no le permitían entrar y le daban de comer solo cuando la familia se acordaba.

Romina estaba triste, nunca la sacaban a pasear, le regañaban si hacía caca en el piso y jamás recibió una muestra de amor.

La familia estaba esperando un bebé y Romina ya no era más la cachorrita de quinientos gramos que habían encontrado en la calle.

Decidieron entonces que lo mejor era abandonarla, lejos de su ciudad para que no tuviera la oportunidad de regresar. Y así acabó en el pueblo de Iris.

La primera vez que Romina e Iris se cruzaron, incluso desde fuera se podía observar la emoción que las dos sentían.

Romina no confiaba en las personas por sus malas experiencias, pero al ver que Iris quería darle de comer y un poquito de cariño, fue agarrando confianza y no dudaba en acercarse.

Ella aprendió que todas las mañanas recibía amor y comida y esperaba a Iris en la puerta de su casa.

El invierno se estaba acercando y las calles se volvieron frías. Una de esas mañanas Romina se atrevió a cruzar la puerta de Iris. ¿Qué podía hacer ella? Solamente darle una calurosa bienvenida.

Desde ese día, Romina no quiso salir nunca más en solitario y solamente salía con Iris cuando todos los días iban al cerro a caminar.

Se le quito el miedo y empezó a conocer la felicidad y la tranquilidad de saber que tenía un hogar seguro.

Y así fue como la perrita Romina adoptó a Iris.

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