TEJIENDO REDES DE COMUNICACIÓN FEMINISTA

Las tareas del hogar y su feminización

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Desiré Huerga Ruiz

Desiré Huerga Ruiz

En la sociedad en la que vivimos, las tareas del hogar y del cuidado siguen siendo un trabajo de mujeres. Y me gustaría comenzar diciendo lo contrario. Pero no puedo.

Hace pocos meses, la señora de una familia a la que aprecio se enfermó. Ella es una mujer que tiene cerca de 80 años y que aunque en el mismo espacio vive más de un hombre, era la encargada por completo de toda la casa. Al enfermarse ya no podía trabajar, y además requería de cuidados personales.

¿Qué pasó? Que los hombres se desentendieron de la casa — incluso de lavar los trastes que ellos mismos ocupan — y de los cuidados de la señora. Así que otras mujeres de la familia se acercaron a realizar estas tareas. Estas mujeres, de la misma forma que los hombres, también tenían sus trabajos fuera del ámbito doméstico no remunerado. Lo que implica dobles o triples jornadas, además en medio de una pandemia.

Esta situación me hizo recordar mucho a la vivida en mi propia familia hace unos 20 años cuando mi abuela enfermó. Y me hizo reflexionar. Porque se trata de tener opciones para decidir.

Las tareas del hogar son un TRABAJO igual que cualquier otro que se hace de puertas afuera — o en home office en estos tiempos —.

Y de toda esta reflexión y lecturas realizadas nace este artículo. Vamos a analizar lo que implica que las tareas del hogar y del cuidado estén feminizadas.

¿QUÉ SON EXACTAMENTE LAS TAREAS DEL HOGAR?

Aunque esta respuesta parece obvia, hay muchas personas que subestiman el trabajo doméstico. Las tareas del hogar y del cuidado no tienen un horario definido, no existen los días festivos — incluso se trabaja más esos días — ni las vacaciones.

Entonces, ¿qué son? Son los trabajos que se realizan dentro de la casa o del ámbito privado, para el correcto funcionamiento del hogar. Algunas de las tareas — que no todas — son las siguientes:

Pero no podemos enfocarnos solamente en una lista de tareas, que aunque son muchas, no reflejan bajo ninguna circunstancia lo que implica ser la responsable de ellas. Y es que requieren un gran trabajo emocional.

El trabajo emocional en las tareas del hogar

El trabajo emocional es la parte de las tareas domésticas que más tiempo y energía consume.

Por ejemplo, se ha mencionado que cocinar forma parte de estas tareas. Pero para cocinar se tienen en cuenta los gustos de cada persona de la familia, los requerimientos de salud, crear un clima agradable durante la comida, etc. Todo esto es parte del trabajo emocional.

Incluso en familias donde los hombres se jactan de “ayudar” en casa, el trabajo emocional sigue estando en manos de las mujeres. Ellos son quienes ejecutan las tareas sí, pero es responsabilidad de ellas. Por ejemplo, en algunas familias los hombres son los encargados de lavar la ropa o hacer la cena. Pero generalmente, es la mujer la que le ha dicho anteriormente cómo hacerlo o qué platillo preparar. Y no hablemos de los hombres que abandonan el hogar, que lo dejamos para otro día.

trabajo doméstico feminizado

Esto es de forma muy genérica, hablando de familias tradicionales heterosexuales con descendencia y que pueden vivir con sus progenitores. Por suerte, aunque muy sutilmente, el concepto de familia se está ampliando haciendo que estos roles tan marcados comiencen a difuminarse.

EL ROL DE LAS MUJERES EN LAS TAREAS DEL HOGAR EN PAÍSES OCCIDENTALIZADOS

Cómo comentaba, históricamente el rol de las mujeres en países occidentalizados se centraba en el ámbito privado, en la casa. Aunque el proceso es mucho más complejo, todo esto empezó a cambiar en la industrialización. Debido a esto, se requería más mano de obra y las mujeres empezaron a trabajar en dichas industrias.

No obstante, no todas podían permitirse trabajar fuera de casa y las que tenían ese privilegio no tenían acceso a todos los trabajos. Había empleos, por ejemplo, que estaban completamente feminizados y que además para poder ejercerlos era necesario estar soltera. Uno de ellos es el trabajo de teleoperadora, entre otros tantos.

MUJERES QUE TAMBIÉN TRABAJAN FUERA DE CASA

Aun cuando poco a poco el panorama está cambiando, en la actualidad también existen trabajos feminizados. Aunque oficialmente no se requiere ser mujer para realizarlos, en el imaginario colectivo es una mujer la que los ejerce. Pueden tratarse de enfermeras, maestras, cuidadoras, niñeras, empleadas del hogar, secretarias, etc. Todos relacionados con trabajos de cuidados.

Además, las mujeres que tienen acceso a trabajar en estos empleos — u otros —, siguen siendo las responsables de las tareas del hogar. Y esto, como mencionaba, nos lleva a las dobles y las triples jornadas laborales.

En México, según el INEGI — Instituto Nacional de Estadística y Geografía—, las mujeres que producen fuera y dentro de casa destinan 77 horas semanales al trabajo total. Esto hace que de media, en el cómputo anual,  las mujeres trabajen 24 días completos más que los hombres. Todos estos datos según las cifras estimadas por CONEVAL — Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social —.

No todas las mujeres están en la misma situación en cuanto a tareas del hogar se refiere

Pero estas cifras no representan a todas las mujeres por igual. Muchas mujeres con ciertos privilegios y de clases altas deciden delegar — nótese el eufemismo —el trabajo del hogar. “Contratan” a trabajadoras domésticas, generalmente en la informalidad y pagando la mitad de los salarios medios correspondientes. Además, en la mayoría de ocasiones estas mujeres suelen ser migrantes — del propio país o de fuera — y/o racializadas.

Esto hace que el trabajo del hogar y cuidados no solo sea un problema de género, sino también de raza y clase, entendiendo raza como constructo social.

Por ende, esta situación acentúa aún más las dobles y las triples jornadas. Con trabajos precarizados — por sus empleadoras — necesitan tener más de un empleo para sobrevivir. Para hacernos una idea, según los datos de la OIT  — Organización Internacional del Trabajo —, en estas situaciones mencionadas, en América Latina y Caribe, cada trabajadora acumula un total de 15 horas de trabajo diario, entre remunerado y no remunerado.

Por lo tanto, las trabajadoras del hogar no tienen tiempo físico para buscar otro empleo con prestaciones sociales y el salario correspondiente.

EL IMPACTO DEL TRABAJO DOMÉSTICO Y LAS TAREAS DEL HOGAR EN EL PIB

No podemos olvidar que el dinero y la productividad son uno de los pilares del capitalismo. Razón de lo cuál este sistema nos obliga a producir como si fuéramos máquinas diseñadas para ello. Pero resulta que las tareas del hogar y cuidados no está considerado trabajo productivo, sino reproductivo.

Todas las horas que las mujeres emplean en trabajar en sus casas, cuidando a sus hijas e hijos, etc, no son remuneradas. Por ende no se reflejan en las economías mundiales. Lo mismo sucede con las trabajadoras del hogar en la informalidad. ¿Pero qué pasaría si se contabilizan esas horas, se les asigna un salario y las incluimos en el PIB?

El PIB — Producto Interior Bruto — es uno de los indicadores que se utiliza en la economía mundial para medir el nivel de desarrollo y riqueza de cada país.

trabajo doméstico y pib

En 2019 en México, según los datos del INEGI, el trabajo no remunerado correspondiente a los empleos domésticos ascendió a 5.6 billones de pesos. Lo que equivale a 22.8% del PIB del país. Esto lo sitúa por encima de actividades que se creen esenciales como el comercio, con un 18.6% de aporte o la industria manufacturera con un 17.3% del total.

A través de los estudios realizados por la CEPAL y la OIT, vemos que el PIB correspondiente a las tareas domésticas y de cuidados en América Latina y Caribe ronda un 20% del total (2019).

LAS TAREAS DEL HOGAR EN MEDIO DE UNA PANDEMIA MUNDIAL

Los datos mostrados en los apartados anteriores corresponden a 2019, ya que 2020 supuso un gran revuelo en toda la economía mundial. ¿Cómo ha afectado — y afecta — una pandemia mundial a las trabajadoras domésticas y a todos los trabajos de cuidados?

Por un lado están los trabajos domésticos en casas ajenas, digamos que malamente remunerados. Entre las medidas de prevención ante el virus en todo el mundo está el aislamiento. Cómo se comentaba anteriormente, la mayoría de trabajadoras no tienen contratos, lo que les excluye de cualquier prestación social.

En un estudio realizado en Argentina por el INDEC — Instituto Nacional de Estadística y Censos—, las trabajadoras del hogar que siguieron conservando sus empleos y/o recibiendo un salario en el marco de Covid-19 es del 56%. Esto implica que muchas se quedaron sin su fuente de ingresos. Y aunque este dato pertenece a Argentina, se puede extrapolar a la mayoría de países.

tareas de cuidado

La pandemia también ha sacado otros problemas a relucir

En esta pandemia mundial también se ha podido observar la importancia del personal sanitario. En hospitales y centros médicos las jornadas laborales se han incrementado de forma considerable. Incluso en ocasiones poniendo en riesgo las vidas de dichas personas. Tenemos que tener en cuenta además que la profesión sanitaria está feminizada — según la OIT, más de 70% del personal sanitario a nivel mundial son mujeres—.

A las intensas jornadas laborales en hospitales se les suma las tareas del hogar y cuidados en sus propias casas.

Otro tema muy importante a considerar es que Covid-19 ha hecho que la educación sea a distancia. Esto ha remarcado y visibilizado un gran problema social como es la brecha digital — este punto requiere un análisis profundo y un artículo por sí mismo  —. Pero tanto en hogares con acceso a la tecnología como en los que no, la encargada de la educación de las infancias ha sido la mujer —  la madre generalmente —. Esto, nuevamente, supone un incremento de horas de trabajo no remunerado.

Estos son solamente algunos de los puntos en los que la pandemia ha afectado a las tareas domésticas y a las mujeres. Pero hay muchísimos más que afectan tanto a la salud mental y física, como la violencia.

Las tareas del hogar, la violencia machista y la pandemia

El aislamiento en casa, un lugar donde deberíamos estar todas seguras y a salvo, ha supuesto para muchas mujeres un infierno. Debido a este aislamiento, muchas mujeres se han visto obligadas a convivir 24/7 con su agresor. Lo que ha supuesto un aumento de la violencia machista, e incluso los feminicidios.

Para poner un par de ejemplos, en el caso de Perú las llamadas a los sistemas de atención de violencia machista aumentaron cerca de un 45% durante el confinamiento. En México, estas llamadas también aumentaron por un porcentaje similar.

En este punto, otro aspecto a analizar son las campañas de organizaciones y colectivas realizadas para asegurar el bienestar de las víctimas, o las mujeres acogidas en refugios que huyen de su agresor. Estos temas son demasiado extensos para abordarlos aquí, así que me los anoto para próximos artículos.

Para finalizar, solamente comentar que si te encuentras en una situación de violencia y necesitas apoyo, puedes contactar con las redes de psicólogas y/o abogadas feministas.

FUENTES Y RECURSOS UTILIZADOS

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