TEJIENDO REDES DE COMUNICACIÓN FEMINISTA

¿Víctima? ¿superviviente? ¿qué realidad nos cuentan las palabras?

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Desiré Huerga Ruiz

Desiré Huerga Ruiz

En medios de comunicación, en internet y en la vida cotidiana, se suele hablar mucho más de la víctima que del victimario. Y esto no deja de sorprenderme, porque si hay alguien al que hay que señalar con el dedo, siempre es a la persona agresora. Además, que el uso que se le suele otorgar a la palabra víctima, deja mucho que desear. Déjame que te cuente de dónde nace esta reflexión.

Hace aproximadamente un año que vengo cuestionando el uso de esta palabra, y cómo muchos cuestionamientos en la vida, se plantean a través de mi propia experiencia.

No es ningún secreto que hace un tiempo, cuando hablaba de una de las agresiones por las que pasé, me nombraba a mi misma como víctima de violación. Así lo sentía y me parecía que era la manera de alzar la voz y contar exactamente la situación. Pero poco a poco me fui sintiendo incómoda, no por la palabra en sí, sino por la connotación que tenía y los sentimientos que producía en las otras personas. Yo dejaba de ser Desiré, con todos los matices que una persona tiene, para ser la pobrecita que la violaron.

Así que con ese sentimiento dejé de utilizar la palabra víctima para referirme a mi misma, y por ende, también para hablar de cualquier persona que pasa por una situación de violencia. Y de hecho todo el uso de la palabra está lleno de matices, ¡vamos a analizarlo más a fondo!

Disclaimer: En todo momento estoy hablando de la violencia machista, porque es la que conozco en primera persona, pero esta reflexión es extrapolable a cualquier tipo de violencia.

ETIMOLOGÍA DE LA PALABRA VÍCTIMA

Quien me conoce o hablado conmigo sabe que no soy fan de la RAE ni de la academia, por lo que no suelo otorgarles el 100% de credibilidad y además suelo ser bastante crítica con ello. Pero cuando conocí el origen etimológico de la palabra víctima, no pude más que pensar que hay un remanente de ese origen en la actualidad.

En un diccionario etimológico se puede leer lo siguiente, teniendo en cuenta a diferentes autoras:

La palabra víctima viene del latín, significa “el vencido”, destinado al sacrificio.

Víctima es una palabra latina de la lengua religiosa, y designa al animal — en algunos pueblos incluso personas — que son sacrificados o inmolados en un sacrificio religioso.

Víctima no tiene nada que ver con el vencido, por mucho que lo relacione la etimología popular. Es un viejo término religioso que significa “lo que es resultado último de la elección o selección para ser ofrendado a los dioses”.

Cómo ves, independientemente de las discusiones acerca del origen exacto de la palabra, el significado original en todas ellas es el mismo: ser vivo destinado al sacrificio.

Si bien es cierto que a día de hoy no se utiliza en ese contexto, me resulta curioso que para designar a una persona que ha pasado por una situación de violencia , se la nombre con esta palabra. Sinceramente, me parece un signo de alarma.

CONNOTACIONES DE LA PALABRA VÍCTIMA

Y regresando al presente y al uso actual de la palabra, este conlleva ciertas connotaciones, y me atrevería a decir que todas ellas negativas. Cómo comentaba al inicio de este texto, el uso de esta palabra trae consigo un sentimiento de pobrecita en las otras personas, y esto es bastante peligroso.

La idea de víctima supone una visión política de la situación.

Por un lado, se infantiliza a la persona que ha vivido violencia. Se la pone en un lugar de lástima, toda su demás existencia pasa a un segundo plano porque es víctima y necesita ser ayudada. El sistema judicial también funciona bajo estos términos. ¿Cuáles son las acciones que debe tomar una persona que ha pasado por una situación de violencia? Hablar con la familia, con las amistades, acudir a terapia, denunciar y dejar el tema en manos de personas expertas. En definitiva, buscar ayuda externa. Y ojo, que todas estas acciones me parecen correctísimas, siempre y cuando sea una decisión exclusiva de la persona en cuestión y no que lo haga coaccionada por la presión social — que es lo que suele suceder —.

En estos procesos, la persona deja de ser persona para convertirse en víctima, y en la mayoría de ocasiones, revictimizada. Los medios de comunicación más tradicionales suelen ayudar a esta revictimización, mostrando todo lo que les parece morboso, e incluso juzgando el por qué actuó de tal o cual forma.

Pero el propio sistema judicial, una vez denunciada la situación, tampoco ayuda en nada, haciendo que la persona tenga que contar una y otra vez la misma historia. Como leí en uno de los textos que dejo en la bibliografía, la persona denunciante simplemente se convierte en un testigo de primer nivel. Las víctimas son solamente una parte del rompecabezas de todo el sistema.

¿Y qué pasa con el agresor? Realmente ni siquiera la palabra tiene tantas connotaciones negativas.

¿QUÉ ES LA CAPACIDAD DE AGENCIA? ¿Y LA RESILIENCIA?

En la sección anterior hablaba de la infantilización que trae consigo la palabra víctima, y esto conlleva a quitarle la capacidad de agencia a las personas que han pasado por esa situación de violencia.

La capacidad de agencia es un término que se utiliza en sociología y psicología y su significado es el siguiente:

La capacidad de agencia, se refiere a los recursos con los que cuentan las personas para actuar por su propia vida, para definir y conseguir sus objetivos, metas y propósitos, para elegir y tomar decisiones, haciendo referencia a la libertad que tiene cada sujeto para escoger un modo de vida acorde a lo que siente y piensa.

Con el uso que se le da a la palabra víctima, más la victimización, la capacidad de agencia queda completamente anulada.

Otro concepto importante a mencionar es el tema de la resiliencia.

La resiliencia es el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras. Significa "rebotar" de una experiencia difícil, como si uno fuera una bola o un resorte.

Cuando una persona ha pasado por una situación de violencia, lo que le lleva a continuar su vida es la resiliencia, el no hay de otra. De ahí que tampoco me convence el uso de palabras como valiente o superviviente — de esto hablaremos en la próxima sección —. Cuando se victimiza a una persona también queda anulada la resiliencia.

Pero ojo, la resiliencia no se debe romantizar. En algunos lugares se puede leer que las personas resilientes sacan beneficios en modo de conocimientos, fortaleza o aprendizajes de una situación violenta. Y no es así. La resiliencia se trata de seguir adelante como se puede.

¿DE VÍCTIMA A SUPERVIVIENTE?

Algunas compañeras están de acuerdo en el mal uso y connotaciones negativas que tiene el uso de víctima, y por eso se ha empezado a modificar su uso por la palabra superviviente — o sobreviviente —.

Personalmente, también me causa ruido esta palabra. Me da a entender que la conclusión de las situaciones violentas es innegablemente la muerte. Y cuando esto no sucede, es entonces cuando son supervivientes. No me gusta, también le veo las mismas connotaciones negativas que a la víctima, anulando por completo la capacidad de agencia.

Entonces, ¿qué palabras se adecuan más? Esto no es una verdad absoluta, sino que es una reflexión de lo que a mí me transmite esta forma de hablar — y me consta que a muchas compañeras también —. Personalmente utilizo frases como persona que ha pasado o ha vivido una situación equis o ye.

Del mismo modo, evito el uso de la palabra sufrir en este contexto, porque nuevamente, creo que cae en la revictimización, centrándonos solamente en la persona que sufre, negando su realidad completa como persona.

Así que, como conclusión solamente puedo decir que si algunas de estas palabras también te hacen ruido, te invito al cuestionamiento y a la reflexión para hacer entre todas una realidad diferente.

FUENTES Y RECURSOS UTILIZADOS

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